La dieta alta en proteína y los problemas renales

 Existen muchos mitos referentes a la nutrición canina. Uno de ellos, que se escucha con mucha frecuencia, asegura que las dietas altas en proteína son perjudiciales para la salud de los perros porque causan daño renal.

Algunos veterinarios y propietarios hicieron una mala interpretación de varios estudios científicos que aconsejaban reducir el aporte de proteínas en perros con insuficiencia renal crónica (IRC) y, debido a ello, por desgracia esta creencia se ha convertido en leyenda urbana.

Hay que tener en cuenta que la proteína en la dieta es extremadamente importante, pues es imprescindible para numerosos procesos metabólicos y el mantenimiento de una piel, pelo y masa muscular en un óptimo estado.

En este sentido, La School of Veterinary Medicine de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) realizó y publicó el estudio Mythology of Protein Restriction for Dogs with Reduced Renal Function dirigido por el Dr. Kenneth C. Bovée  para determinar si grandes cantidades de proteína en la dieta producían daño renal en los perros. Con este fin se determinaron tres grupos de animales alimentados con un régimen nutricional que contenía un 19, 27 y 56 % de proteína respectivamente. La conclusión fue que aquellos perros que habían consumido las dietas con un porcentaje más alto no resultaban afectados de forma negativa en su función renal. El organismo digiere y metaboliza  la proteína. Los subproductos metabólicos resultantes de esta digestión, principalmente derivados nitrogenados, son simplemente excretados por el riñón sin ningún problema.

Las dietas altas en proteína son saludables para los perros, siempre que no exista un daño renal subyacente. Los perros metabolizan muy bien las proteínas y son capaces de alimentarse, sin ningún problema, incluso con las que tienen más de un 50 % en su composición. En caso de un exceso de proteína, un animal que tenga un balance energético equilibrado empleará la “sobrante” como fuente de energía. Si el balance energético es positivo (consume más de lo que gasta), los “sobrantes” pueden reconvertirse en grasa para su posterior almacenamiento en el organismo. En cualquier caso, todos los perros pueden metabolizar las proteínas “sobrantes” dando lugar a la formación de urea y excretándola a través de la orina.

De hecho, el factor verdaderamente importante es la digestibilidad de las proteínas y su valor biológico. Sólo en el caso de que un perro tenga insuficiencia renal crónica se desaconseja el exceso de proteína en la dieta, esta insuficiencia es típica en perros senior, de edades avanzadas. En este caso, el plan de alimentación ha de ser prescrito por un veterinario, que lo irá adaptando a la evolución y estadio de la enfermedad.

De todos modos, es muy importante tener en cuenta que la IRC provoca una importante pérdida de proteínas por la orina, debido al fallo renal concurrente. Por ello es muy necesario que aportemos proteínas “extra” en la dieta del perro geriátrico que padezca IRC, ya que debemos compensar esa pérdida, eso sí, a niveles moderados y siempre que la proteína sea de muy alta calidad y elevado valor biológico, de esta manera podremos compensar esta pérdida continua. Los productos específicos para perros de edad avanzada, conocidos habitualmente como senior ya tienen en cuenta en su fórmula el aporte moderado de este tipo de proteínas.

Como consecuencia de todo esto, tanto en perros sanos como en perros senior, un factor es común e importante: la calidad, valor biológico y biodisponibilidad de las proteínas, evitando las de baja calidad  y con digestibilidad reducida para preservar la salud renal.

CONSEJO: alimenta a tu perro con un producto senior a partir de los siete u ocho años de vida en las razas grandes y nueve o diez en las pequeñas. De esta forma preservarás su salud renal mucho más tiempo.

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