Gastroenteritis y diarreas en verano

Problemas gastrointestinales de tu perro en verano

En verano suele ser frecuente que nuestros perros puedan ver afectada su salud intestinal de manera temporal. El calor, el agua y los viajes pueden alterar sus hábitos alimentarios, favorecer cambios en el apetito o provocar estrés por los desplazamientos y la adaptación a los nuevos destinos veraniegos. La gran mayoría de trastornos digestivos que padecen los perros se engloban bajo el término inespecífico de gastroenteritis.

¿Qué es la gastroenteritis?
Se trata de una inflamación inespecífica del tubo digestivo (estómago e intestino) cuyos síntomas más visibles son la súbita aparición de vómitos (se vomita el alimento, a veces acompañado de bilis) y/o diarrea a veces con la aparición de sangre.

Decir que un perro tiene gastroenteritis no significa que padezca una enfermedad concreta. Tal como apuntamos más arriba, este término engloba todas las patologías que cursan con inflamación del tubo digestivo, cuyas consecuencias son habitualmente dolor abdominal, vómitos, gases y diarrea, aunque no siempre se presentan todos los síntomas apuntados.

Las causas de la gastroenteritis pueden ser casi infinitas, a menudo se relacionan con infecciones víricas, bacterianas o provocadas por protozoos parásitos como coccidios, microsporidios o giardias, pero también pueden deberse a alergias o intolerancias alimentarias, intoxicaciones por productos químicos o veneno e incluso por una ingesta excesiva de alimentos a los que nuestro perro no está habituado.

El tratamiento ha de ser fundamentalmente sintomático, que es idéntico para todo tipo de gastroenteritis, y consiste sobre todo en dieta blanda, para permitir la regeneración del epitelio gastrointestinal, fluidoterapia con suero y electrolitos para compensar la deshidratación y la pérdida de iones que provocan los vómitos y la diarrea, y, por último, un aporte de probióticos para favorecer la recuperación de la flora microbiana beneficiosa a nivel intestinal.

En diarreas infecciosas o parasitarias se utilizan fármacos antimicrobianos y antiparasitarios para eliminar el agente causal, pero solo deben utilizarse cuando este está identificado debidamente. Para gastroenteritis víricas, solo podemos utilizar el tratamiento sintomático, ya que los virus gastrointestinales como el parvovirus o el coronavirus no responden a los antibióticos y no disponemos de antivirales efectivos para ellos, con lo que lo mejor es prevenir mediante la vacunación sistemática durante los primeros meses de vida y la revacunación anual.

Gastroenteritis y diarreas en verano

Si nuestro perro es aún un cachorro, debemos actuar rápidamente y llevarlo de inmediato al veterinario, pues en edades tempranas una simple gastroenteritis idiopática puede ser fatal si el cachorro se deshidrata de forma severa. En un perro adulto debemos vigilar durante uno o dos días su evolución y ponerlo a dieta blanda o con un pienso digestivo o gastrointestinal. Si los vómitos son repetidos y la diarrea es masiva y persistente debemos acudir también al veterinario

Para prevenir en lo posible su aparición es muy importante mantener su alimentación con su pienso habitual, proporcionado en la cantidad que el perro come normalmente, evitar llevarle a lugares con muchos perros cuando es cachorro y no ha finalizado su plan de vacunación y vigilar que durante los paseos o excursiones no ingiera ninguna sustancia tóxica o algún otro elemento peligroso.

¿Qué es la diarrea?
Aunque la diarrea suele ser uno de los principales síntomas de la gastroenteritis, no todas se han de asociar a casos de gastroenteritis. La diarrea supone un aumento en la frecuencia de defecación, con un mayor volumen de heces que no presentan una consistencia adecuada, pueden ser líquidas, esteatorreicas (grasientas y con moco) o incluso sanguinolentas.

Podríamos escribir mucho sobre las posibles causas de diarrea, ya que esta suele acompañar a multitud de procesos patológicos e incluso puede aparecer en animales totalmente sanos por las siguientes causas:

  • Una elevación de la velocidad del tránsito intestinal, provocada por ejemplo por el estrés.
  • El desequilibrio osmótico entre el interior y el exterior del tubo digestivo, como sucede en los perros que beben agua salada en el mar.
  • La ingestión masiva de vegetales o frutas.
  • Cambios bruscos del alimento habitual a otro nuevo pueden provocarla, especialmente cuando el nivel de grasa de ambos piensos es muy diferente y las lipasas digestivas no son capaces de ayudar a la digestión de ese “plus” de grasa sin una adaptación previa.

Recomendaciones
Es importante por la salud de nuestro perro y para nuestra tranquilidad:

  • Mantener los mismos hábitos de alimentación: su pienso de siempre, repartido en sus tomas habituales y en las cantidades recomendadas. Si hay que realizar una transición alimentaria, que esta sea gradual. En un próximo post hablaremos de ello.
  • Ver si hay cambio de agua, que a veces ocasiona problemas gástricos.
  • Vigilar que no ingieran objetos extraños.
  • Intentar que no haya “excesos” veraniegos (comida casera, sobrealimentación, etc.)
  • Ante la más mínima sospecha, acudir al veterinario.

 

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