Educación en positivo, ¿cómo hacerlo?

La correcta educación de cualquier perro es una de las responsabilidades más importantes que tiene su propietario: es la base para una convivencia armónica y feliz en su familia, y para conseguir la perfecta integración de la mascota en la sociedad. Seguro que muchos de vosotros habréis oído hablar de la “educación en positivo” o del “adiestramiento en positivo”, y puede que os hayáis preguntado ¿Qué es eso? Os lo resumimos en 3 puntos.

1. ¿En qué se basa?
Este método de educación, relativamente reciente, es la contraposición a los antiguos métodos empleados para el aprendizaje de un perro, basados en la posición de dominancia del guía y en la fuerza.

La educación en positivo se fundamenta, a grandes rasgos, en motivar y reforzar con premios o recompensas (comida, juguete, caricia, comida-clicker, elogios, juego, etc.) las conductas adecuadas que se desean conseguir, hasta que ya queden totalmente aprendidas por parte del perro. Una fórmula que prioriza el refuerzo de la confianza y el vínculo con su propietario.

Es aconsejable que la educación en positivo se instaure desde que el perro es un cachorro, para ir creando pautas de aprendizaje que le resulten estimulantes y agradables, y que le motiven a seguir aprendiendo más, sin ningún tipo de coacción por parte de su dueño. Se trata de conseguir un modelo de incentivo positivo y respuesta deseada a ese incentivo. Este método también se utiliza en la reeducación de perros adultos con algún tipo de problema conductual.

educación en positivo

Es una metodología asentada exclusivamente en el refuerzo positivo (es decir la concesión del premio para el perro), y en la que la ausencia del mismo es la forma de indicarle que no lo está haciendo bien (lo que los educadores caninos conocen como castigo negativo).

2. Ejemplos para la vida diaria
Para entender mejor la teoría, vayamos a la práctica. Estos podrían ser algunos sencillos ejemplos en la vida cotidiana con vuestra mascota:

  • Si el perro se sienta, se tumba o se queda parado cuando se lo indicas, le recompensas con su juguete o con lo que sepas que le gusta. Si no lo hace no se lo das, pero no le gritas ni le incomodas.
  • Si estás jugando con tu cachorro y te mordisquea “más fuerte” de lo que es permisible, dejas de jugar con él en el acto, pero no le reprendes,  simplemente le ignoras. Tu compañía y el juego serían los estímulos y los refuerzos para él.

 3. Perseverancia y coherencia
Sin ellas es casi imposible educar a un perro correctamente. Hay que ser congruentes y disciplinados con nosotros mismos para recoger los frutos. Si el perro muestra la conducta deseada hay que premiarla, y si no lo hace hay que ser firmes y no recompensarle, porque si no ¡se hará un lío! y su comportamiento será inconstante por que no sabrá qué hacer.

Es conveniente mantener las normas que se desean establecer: si no quieres que tu perro, por ejemplo, se suba a un sitio o entre en una habitación, debes mantener estas pautas en el tiempo. Si hoy le dejas y mañana no, no avanzarás.

Y recuerda que es importante que las sesiones de educación sean de corta duración pero practicadas con regularidad, sobre todo si tu perro es un cachorro.

Si te interesa saber más sobre este procedimiento de educación, consulta con los profesionales que trabajan y avanzan para conseguir cada vez mejores resultados.

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