El transportín: un gran aliado

Muchos propietarios de perros y gatos pueden tener la impresión de que el transportín es como una especie de jaula, como un “castigo” para el perro, sin embargo, nada más lejos de la realidad: bien utilizado resulta muy útil tanto para su comodidad como para su correcta educación, y no tiene por qué representar nada negativo para la mascota. Si le acostumbras desde cachorro, lo agradecerás, y él también.

1. ¿En qué te puede resultar muy útil?
Lo primero que debemos tener claro es que un transportín no es el lugar en el que el perro o el gato deben “realizar” su vida. La mascota solo debe permanecer en él cuando sea necesario: en los viajes será un espacio cómodo y seguro; para llevarle al veterinario y que permanezca tranquilo mientras espera a ser atendido; en casa si quiere descansar dentro de él para sentirse seguro en caso de que haya mucho jaleo en el hogar, por ejemplo, o si siente fobia a los petardos o tormentas, etc…

Hay que educarle pacientemente con el objetivo de que represente para él un lugar acogedor, placentero, una especie de agradable “refugio” en el que se sienta a gusto y tranquilo, durante un corto periodo de tiempo.

El transportín: un gran aliado

2. ¿Cómo acostumbrarles a él?
1. Con la puerta abierta (o sin ella si se trata de un transportín rígido de puerta desmontable,) le vas dando de comer en él: así asocia ese pequeño espacio con el sitio donde recibe su alimento.

2. Colócale una mantita o colchoneta y, dejándolo siempre abierto, anímale a que haga ahí sus pequeñas siestas o a que duerma.

3. Ponle su juguete favorito en el interior, juega con él: tíraselo dentro del transportín para que vaya a buscarlo dentro de él: así irá perdiendo el “respeto” a ese lugar nuevo. Si es un cachorrito, intenta introducirle en el transportín cuando esté cansado, ya que si está en plena actividad lo más normal es que no quiera permanecer en él, sino seguir corriendo y jugando.

4. Incrementa poco a poco el tiempo de permanencia del perro dentro del habitáculo, siempre cerca de ti, sin perderlo de vista, para que lo vaya aceptando con naturalidad. Es normal que al principio, cuando le cierres la puerta, proteste, y quiera salir. Cálmalo con palabras de afecto, que vea que estás ahí, y cuando se tranquilice, le abres la puerta. Poco a poco, verás qué rápido se acostumbra, sobre todo si es un cachorro. Con los perros adultos hay que tener algo más de paciencia y constancia: a algunos les encanta desde el primer día, y a otros les cuesta un poquito más.

5. No le permitas hacer sus necesidades en él. No es el lugar adecuado para ello.

 3. Elige el adecuado: cómodo y seguro
Un transportín debe resultar confortable y seguro para nuestro perro o gato y hay que elegirlo en función del tamaño de la mascota (para ello conviene pesarla y medirla).

Antes de comprarlo pensemos bien qué uso le queremos dar y entonces seleccionemos el más adecuado de entre uno de los casi infinitos modelos que ofrece el mercado: rígidos, de plástico, acolchados, con ruedas, con asas tipo bolsa, dobles, y siempre comprobemos que tengan las suficientes rejillas, para asegurar una buena ventilación del interior.

La altura y la anchura del transportín deben permitir que el perro o el gato se puedan poner apoyados sobre sus cuatro patas, moverse, darse la vuelta y tumbarse cómodamente.

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