4 nutrientes que no le deben faltar nunca a tu gato

Los félidos han consumido una dieta única y estrictamente carnívora durante la totalidad de su desarrollo evolutivo, lo cual ha desembocado en una clara especialización dietética. Ello conlleva unas adaptaciones nutricionales y metabólicas que hacen que sus requerimientos en este sentido sean muy particulares y estrictos. Estos son algunos de los nutrientes que no pueden faltar en su nutrición diaria.

1. Elevadas necesidades proteicas: la taurina y la arginina
Los gatos tienen unas elevadas necesidades de proteína y esa proteína tiene que ser de alto valor biológico. El porcentaje de proteína mínimo en alimentos secos para gatos debería oscilar entre un 30 y un 40 %. Las proteínas están constituidas por cadenas de aminoácidos, y tanto la taurina como la arginina son aminoácidos que en los piensos secos hay que proporcionarlas en el alimento, ya que los gatos son incapaces de sintetizarlas por ellos mismos:

– La taurina es un aminoácido (que debe estar presente de manera imprescindible en su alimento), derivado del aminoácido azufrado cisteína, que es sintetizado de forma endógena por los carnívoros no felinos, como es el caso del perro. Interviene en muchos aspectos del metabolismo, pero es especialmente importante para la formación de sales biliares, la función de la retina, del miocardio y la normal reproducción en las gatas.

Debido a particularidades en el metabolismo hepático de la proteína en los gatos y a la baja actividad de las enzimas encargadas de su síntesis a partir de la cisteína, los gatos no son capaces de sintetizar la cantidad suficiente por sí mismos, por eso  debe aportarse en su alimentación. En primer lugar su deficiencia causa una degeneración retiniana central.

Sin taurina, o con dietas deficitarias en ella, sus membranas y estructuras sufren alteraciones funcionales que a la larga, y cuando ya el gato presenta una disfunción visual, desembocan en una ceguera irreversible. Sin cantidades suficientes el gato desarrollará también una cardiomiopatía dilatada, esto es, una disfunción en la función de contracción del corazón.

Estos dos síndromes asociados a una deficiencia de taurina son los que suponen más gravedad y riesgo para su vida pero, también sus funciones digestiva y reproductora se verán afectadas. La taurina solo se encuentra en tejidos animales, razón por la cual debemos respetar la condición de que nuestro gato sea carnívoro estricto. Hay que proporcionarle un alimento comercial de calidad, con un contenido adecuado de este aminoácido.

– La falta de otro aminoácido, como es la arginina, provoca síntomas de deficiencia graves e intensos. La arginina participa en la síntesis de la urea partiendo del amoníaco. Si la alimentación de un gato carece por completo de arginina, este puede desarrollar en algunas horas síntomas clínicos de intoxicación por amoníaco (hiperamoniemia): vómitos, hipersalivación y trastornos nerviosos y alteraciones neurológicas como incoordinación y espasmos que pueden inducir incluso el coma y la muerte.

2. Aporte de ácidos grasos omega3 y omega 6
Los ácidos grasos son un tipo específico de grasas poliinsaturadas. Las dos clases principales de ácidos grasos son los omega 3 y los omega 6. Esta clasificación se sustenta en sus características moleculares. Los animales pueden producir algunos de los ácidos grasos que necesitan, pero no todos. En los gatos es especialmente importante el aporte de ácido linoleico (un ácido graso de la serie omega6) y ácido araquidónico (omega6), ya que su organismo no los puede sintetizar por sí mismo, y por tanto se debe aportar en el alimento. Si el gato presenta deficiencia de estos nutrientes, se producen trastornos derma­tológicos, falta de crecimiento, degeneración grasa del hígado, depósitos de lípidos en los riñones, entre otros problemas para su salud.

Los ácidos grasos omega 6 y omega 3 actúan sobre el sistema inmunológico, nervioso, cardiovascular y en general mejoran el metabolismo de nuestras mascotas animales. Sus beneficios están comprobados en los siguientes aspectos:

  • Influyen positivamente sobre el aspecto y la calidad del pelo. Muchos problemas, como un pelo opaco y quebradizo o seborreico, mejoran al iniciar una alimentación con ácidos grasos, obtenidos de fuentes de excelente calidad (como el aceite de salmón o el krill)
  • Algunas enfermedades del sistema inmune, sobre todo aquellas que afectan a la piel, mejoran gracias a su acción.
  • En el caso de alergias e inflamaciones, su uso reduce el prurito en un 40%, aproximadamente. El gato se rascará menos, y así disminuirá la ansiedad que genera el picor constante, la piel se regenerará antes y evitamos lesiones por rascado.
  • Disminución en infecciones varias de la piel y oídos (otitis) así como prevención de daño renal.

3. Fibra: no toda es igual
La mejor fuente de fibra para las mascotas es precisamente la moderadamente fermentable, pues proporciona niveles adecuados de ácidos grasos a la mucosa intestinal. También favorece el correcto funcionamiento del tracto gastrointestinal y el mantenimiento de la flora bacteriana en adecuado equilibrio.

La pulpa de remolacha es muy valiosa como fuente de energía y fibra, además de ejercer un efecto protector sobre el sistema digestivo. Una de sus mayores ventajas es que, además de ser de gran disponibilidad, es una fuente de fibra insoluble que es moderadamente fermentable. Esto significa que la fibra de la pulpa de remolacha tiene las ventajas de añadir volumen y regular la humedad de las heces de los animales e, igualmente aporta energía e influye positivamente en el equilibrio de la flora beneficiosa en el colon, por eso su presencia es muy recomendable en la alimentación de nuestro gato.

4. Vitaminas: la cantidad necesaria.
Las vitaminas se dividen en hidrosolubles (C y B) y liposo­lubles (A, D, E y K). Intervienen en múltiples aspectos del organismo del gato, como en la visión, la reproducción, y la formación de células y esqueleto. Pero hay que proporcionarlas en la cantidad adecuada. El gato no puede transformar el β-caroteno en vitamina A y además no sintetiza la vitamina D a partir de los rayos ultravioleta, por lo que necesita una fuente externa (la alimentación) de ambas.

En el caso concreto de los gatos, un exceso de vitamina A influye sobre la remodelación ósea, provocando un crecimiento óseo anómalo en la zona cervical y en los huesos largos de las extremidades anteriores. El resultado es una espondilosis vertebral deformante (fusión de los cuerpos vertebrales), calcificaciones en las articulaciones de las patas delanteras y en las inserciones musculares. Con el paso del tiempo, aparecen el dolor y la dificultad de movimientos.

La vitamina D es fundamental para el metabolismo del calcio, el fósforo y para un correcto crecimiento y normal desarrollo. Las necesidades de vitamina D tanto de perros como de gatos dependen directamente de los niveles de calcio y fósforo de su alimentación. Un exceso de esta vitamina resulta nocivo para ellos ya que puede provocar una calcificación excesiva en tejidos blandos. Además, en animales en crecimiento se traducirá en deformidades en mandíbulas y dientes y diversas alteraciones musculoesqueléticas.

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