Un nuevo cachorro en casa; la importancia de la socialización

La socialización es un proceso mediante el cual se pasa a formar parte de la sociedad. Cuando hablamos de la socialización de un cachorro, significa ayudarle y enseñarle a relacionarse con personas, otros perros y animales, entornos y estímulos.

Cuando tiene entre tres y doce semanas de edad es el momento en que los cachorros son más receptivos y aprenden nuevas experiencias. Después de esa edad, se vuelven mucho más cautelosos ante cualquier cosa que aún no hayan conocido. Alrededor de las doce a dieciocho semanas de edad,  la oportunidad de socializar con facilidad del cachorro termina, y con cada semana que pasa se ​​hace más difícil conseguir que acepte y disfrute de algo que a partir de ahí solo acogerá con cautela.

Los perritos bien socializados se sentirán más seguros y serán más relajados y agradables. Se encontrarán más cómodos en una variedad más amplia de situaciones que los perros mal socializados, por lo que serán menos propensos a comportarse de forma agresiva o con miedo frente a algo nuevo. Vivirán mucho más relajados, tranquilos y felices.

Los perros mal socializados son menos receptivos a experiencias nuevas y reaccionarán peor ante otros perros, gatos, ruidos, personas desconocidas, visitas al veterinario, etc., pues para ellos son situaciones estresantes.

La socialización no es un “todo o nada”. Se puede socializar a un cachorro un poco, mucho o muchísimo. Cuanto más amplia sea la gama de experiencias a las que se le expone, mayores son sus posibilidades de estar cómodos en una amplia variedad de situaciones como adulto.

Dependiendo de nuestro estilo de vida, al que queremos que se adapte nuestro perro, la socialización comprenderá la exposición a distintos estímulos como coches, niños, gatos, trenes… Si bien es imposible exponer a un joven cachorro a todo lo que se encontrará en la vida, es conveniente familiarizarlo con aquello básico durante el periodo de tiempo en que está más receptivo, que es, como ya hemos dicho, entre las tres y doce semanas de edad.

Tenemos que asegurarnos de que la exposición a nuevas situaciones no es abrumadora para él, y que se sienta cómodo y sin estrés. La regla de oro con el cachorro en socialización es mantener una estrecha vigilancia sobre su reacción a todo a lo que le expone, de modo que podamos modificar las cosas en caso de que tenga miedo.

Siempre hay que seguir una experiencia de socialización “positiva”, es decir, cuando el cachorro responde sin miedo, con elogios, caricias, un juego divertido o un premio. En el caso de que se asuste o entre en estado de pánico, debemos actuar con indiferencia, transmitiéndole tranquilidad, sin darle importancia, ya que si le damos mimos o caricias reforzaremos este comportamiento anómalo y el cachorro desarrollará una fobia de difícil solución posterior, debemos tener cuidado con esta circunstancia. Todo el proceso ha de ser de manera gradual y cómoda para él. A medida que se vaya acostumbrando, podremos avanzar un poquito más en la exposición a  aquello que nosotros queremos, tanto en tiempo como en intensidad.

La socialización es esencial para ayudar a nuestro  cachorro a convertirse en un perro feliz y un compañero seguro. De este modo la vida será más fácil para él, y nuestra convivencia con él, también.

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