Tengo un perro con dolor de espalda

Gracias a los avances en nutrición y a la medicina veterinaria los perros de hoy en día alcanzan mayor longevidad. Cada vez es más frecuente el que los propietarios acudan a la consultan con ese motivo, el dolor de espalda de su perro. ¿Por qué puede estar ocasionado?, ¿les duele la espalda igual que a nosotros?
Los perros sufren patologías similares a las de los humanos: compresiones radiculares, artrosis o hernias de disco en diferentes grados, mostrando un amplio abanico de síntomas.
Existe predisposición racial hacia determinadas alteraciones. Los Teckel, debido a la conformación de su larga espalda, o los Bulldog Francés, por la existencia de hemivértebras u otras anomalías vertebrales, son pacientes que habitualmente sufren hernias de disco u otros cuadros compresivos. Los Bóxer muestran una especial predisposición a la espondilosis anquilosante, un modo de artrosis que supone la formación de puentes óseos entre los cuerpos vertebrales, llamados “picos de loro”. En otras razas, como el Golden Retriever o el Labrador, algunos ejemplares ya mayores muestran una inestabilidad en la zona lumbosacra que supone, en muchas ocasiones, la aparición de artrosis u osteofitos.
En general, los perros de razas grandes sufren frecuentemente artrosis vertebral o espondilosis a lo largo de los años, mientras que las razas condrodistróficas (pequeñas, de columna larga y piernas cortas) son propensas a la aparición de hernias discales a edades más tempranas, como consecuencia de las tensiones excesivas sufridas por el disco intervertebral. De todos modos, cada individuo posee una biomecánica y conformación particular, de manera que pueden aparecer o coexistir diversas alteraciones, independientemente de la raza.
¿Qué síntomas indican algo va mal? En primer lugar la existencia de dolor, normalmente un hecho fácilmente apreciable por el propietario. Muchas veces se trata de un cuadro agudo, por lo que resulta sencillo de reconocer, pero otras veces no es así. El dolor se va instaurando poco a poco, lo que se traducirá en falta de movilidad progresiva, que el perro rehúse los paseos, el ejercicio, ciertos movimientos como subir escaleras o saltar, o incluso un cambio de carácter debido a la incomodidad que sufre. En los casos más graves aparecerán alteraciones neurológicas que comprometerán la movilidad y sensibilidad de espalda o extremidades, causando diferentes cuadros dependiendo de su localización y grado de compresión.
¿Y qué podemos hacer? En primer lugar, nunca medicar al perro por nuestra cuenta, pues los fármacos que resultan efectivos para nosotros pueden resultar tóxicos para ellos, y por supuesto, acudir rápidamente al veterinario.
Para realizar un correcto diagnóstico se dispone hoy día de herramientas diagnósticas similares a las utilizadas en humanos, desde radiografías, tomografía axial computerizada o resonancia magnética. Tras llegar a un diagnóstico definitivo, es cuando se produce la toma de decisiones para instaurar un tratamiento. Este puede ser quirúrgico, para casos en que la compresión medular existente lo requiera y siempre seguido de un adecuado programa de rehabilitación, o conservador mediante tratamiento farmacológico de soporte y una terapia individualizada de rehabilitación encaminada a mejorar la calidad de vida de nuestro amigo.
La nutrición juega también un importante papel en la hora del tratamiento pues, además de ser necesario un programa de control de peso, existen hoy en día dietas especiales para problemas asociados a la falta de movilidad o el dolor formuladas especialmente para controlar el peso, favorecer la función articular y reducir la inflamación.

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