¿Se debe dar huesos de pollo a los perros?

¿Se debe dar huesos de pollo a los perros?

Existe la creencia de que alimentar a nuestros perros con restos de pollo es algo natural, que los perros los han comido toda la vida y por eso, son todavía muchos los propietarios que alimentan o se plantean alimentar a sus perros con carcasas o huesos de pollo. Hay que tener mucho cuidado, en muchos casos no ha ocurrido nada, pero debemos lamentar accidentes y pérdidas en muchos otros.

Este tipo de alimentación dista mucho de ser una dieta equilibrada. Favoreceremos un desequilibrio nutricional y un desajuste de la relación calcio/fósforo, lo que puede alterar el metabolismo óseo.  Asimismo empobreceremos su alimentación en  cuanto a vitaminas y otros minerales. Si encima se los damos crudos, esto hace que se incrementen los riesgos de contaminación bacteriana o por parásitos. Por lo tanto hay que tener mucho cuidado porque este tipo de dieta conlleva serios peligros serios para la salud y la vida de nuestro perro, aunque solo se los proporcionemos de manera ocasional.

La FDA (Food & Drug Administration de EE.UU. www.fda.gov ), en su división veterinaria, ya advirtió y emitió un comunicado en el año 2010 contra la alimentación con huesos. Los riesgos son mucho mayores que las posibles ventajas por incluir los huesos de pollo en la alimentación de nuestro perro.

Pero ¿qué es lo que puede ocurrir?

Tres son las principales lesiones provocadas por la ingesta de huesos de pollo:

  1. Lesiones en la boca o en los dientes: un perro, sobre todo una raza pequeña, se puede romper un diente al tratar de masticar o comer un hueso de pollo. Cuando se rompe un hueso se quedan sus bordes afilados y con ellos puede perforar la parte interior de la boca causando una lesión. Los huesos también pueden quedar atrapados entre los dientes del perro.
  2. Lesiones en esófago: un hueso puede quedarse atascado en el esófago del perro, provocando una obstrucción o laceración.
  3. Lesiones intestinales: se puede producir también una obstrucción a este nivel, o incluso una perforación si el hueso está astillado, causando una hemorragia interna o una lesión grave. Si la pared intestinal resulta perforada, el perro puede sufrir incluso una peritonitis y su vida puede peligrar. Los síntomas de un posible daño al tracto intestinal incluyen  vómitos, sangrado rectal o de otro tramo intestinal, diarrea, estreñimiento y dolor abdominal.

Si hemos dado huesos de pollo a nuestro perro, o los ha ingerido de manera ocasional, y observamos estos signos, debemos visitar al veterinario con carácter de urgencia. Los huesos de otras especies animales también son peligrosos para su salud, pero eso lo trataremos más adelante en una próxima entrada.

Teniendo opciones saludables y nutricionalmente completas para ellos, ¿por qué exponerlos a un grave riesgo para su salud? Como ya hemos insistido en otras entradas con una buena dieta comercial, equilibrada y de calidad les proporcionaremos todo lo que necesitan y, además, evitaremos urgencias veterinarias.

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