La torsión gástrica en los perros

Existe la creencia de que hay piensos o dietas comerciales que pueden predisponer a que nuestro perro sufra una dilatación o torsión de estómago, esa afirmación es totalmente falsa. A continuación explicaremos con detalle qué es tal patología y por qué se produce realmente.

La dilatación y torsión es una situación de emergencia y potencialmente mortal. Si ocurre es prioritario acudir al centro veterinario más próximo e, incluso después del tratamiento, la vida del perro corre peligro.

La dilatación gástrica es la primera parte de este problema y el vólvulo o torsión la segunda. Durante la dilatación el estómago se llena de aire y ejerce presión sobre los otros órganos y sobre el diafragma, esta presión sobre el diafragma provoca que el perro presente dificultad respiratoria. El estómago, lleno de gas, también comprime los grandes vasos abdominales, dificultando la circulación y el retorno sanguíneo. Al estar repleto de aire, el estómago puede girar fácilmente sobre sí mismo, cuando esta torsión se produce, el suministro de sangre a esta víscera queda interrumpido y sufre un grave deterioro, que puede acabar con la vida del animal.

Es una situación de emergencia en la que es vital actuar con rapidez, estabilizar al animal y reposicionar y fijar el estómago en su posición original mediante una intervención quirúrgica. El tratamiento farmacológico es imprescindible para, no sólo tratar las posibles complicaciones de la cirugía, sino las propias de la torsión o vólvulo.

Entre los signos más comunes para distinguirla encontramos la distensión y el dolor abdominal, arcadas o ganas de vomitar infructuosamente, salivación, inquietud, respiración superficial y rápida y, también, puede sobrevenir un shock.

Hay una clara relación entre raza y conformación y la probabilidad de que ocurra una torsión gástrica. Son mucho más propensas las razas grandes con tórax profundo y pecho estrecho. Por ejemplo, un Gran Danés sería una raza que presentaría alto riesgo, pero no hay que excluir de ninguna forma la posibilidad de que ocurra en otras razas, de menor tamaño, o perros de raza mixta.

Existe también una mayor probabilidad de que ocurra esta condición en perros con edades comprendidas entre los seis y siete años. En estas edades, el riesgo de desarrollar una dilatación gástrica es el doble que en aquellos animales que son más jóvenes.

También el género y el temperamento influyen, los perros machos tienen más probabilidades de desarrollar dilatación y vólvulo gástrico que las hembras, igual que aquellos que son más ansiosos y nerviosos.

Pero, ¿cuál es su causa?, ¿el tipo de pienso que consume el perro lo puede provocar? Rotundamente no. Sí que existe una cierta predisposición en perros que comen una vez al día con avidez y una de las causas directas es hacer ejercicio tras una comida copiosa. Esto se produce por la ingestión de una gran cantidad de comida o la formación de gran cantidad de gas por la fermentación de los alimentos en el estómago que el animal no puede eliminar. Al agrandarse y dilatarse, los movimientos naturales de estómago y su vaciado al intestino no pueden llevarse a cabo. El estómago distiende los ligamentos que lo sujetan y gira alrededor de un eje formado entre el píloro y el cardias, tal y como apuntábamos al principio de esta entrada.

¿Cómo se puede prevenir?

Algunos estudios han asociado el tamaño de las partículas de alimentos, el contenido de grasa, la humedad u otras características con este síndrome, sin encontrar pruebas concluyentes ni relación causa-efecto entre estos factores y la dilatación.

Debemos evitar que el animal haga comidas copiosas, y, si es posible, fraccionar su ración en dos o más tomas al día.

Es fundamental evitar la realización de ejercicio una hora antes y al menos tres horas después de comer. También deberemos evitar que beba grandes cantidades de agua y alimentarlo cuando esté muy excitado o nervioso.
Para aquellos animales que ya han sufrido una torsión gástrica, reforzaremos la vigilancia y las medidas de precaución antes descritas.

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