¿Es dominante tu perro?

¿Tu perro es dominante?

Un buen número de propietarios observan un comportamiento “dominante” en sus perros, que se puede manifestar tanto cuando están con otros congéneres como en el hogar, con la familia. ¿Cómo educarlo para manejar y controlar la “dominación”? Te damos algunas recomendaciones.

Cómo reconocer si tu perro es dominante
Lo primero es distinguir entre el comportamiento dominante y la agresividad, aunque no es extraño que rasgos intensos de dominancia puedan desembocar en conductas agresivas o amenazantes. La actitud del perro de querer “controlarlo” todo y de imponerse sobre otros y sobre su propietario puede comenzar cuando es cachorro, sobre todo si este muestra ausencia de autoridad y liderazgo y le permite “salirse siempre con la suya”, ya que los perros dominantes tienden a ser tercos. Ciertas razas tienen predisposición a ser más dominantes que otras, aunque la variación individual es muy notable y cualquier perro puede tener un carácter dominante. A menudo los machos tienden también a serlo más que las hembras, aunque también se encuentran casos de perras muy dominantes.

Si has observado alguno de estos signos de manera habitual, puede que tu perro tenga una clara tendencia a la dominancia:

– No permite que te acerques a su comedero e incluso gruñe o se muestra amenazante cuando lo intentas.

– No acepta soltar sus juguetes, salir de su colchoneta o realizar algún movimiento cuando se lo indicas.

– Te gruñe o te intimida cuando juegas con él, y si aumentas la intensidad del juego este comportamiento se agudiza.

– No consiente que ninguna persona u otro perro o se acerque a ti.

¿Tu perro es dominante?

¿Qué puedes hacer?
Es frecuente que, en algunas familias, el perro adopte un rol de dominante jerárquico (sin importar el tamaño del perro) y trate de mantener ese status, incluso mediante la intimidación, si ve peligrar esta condición.

La dominancia es una pauta más de las muchas que componen las estrategias sociales con las que los perros se relacionan entre ellos: los roles de dominancia y sumisión se manifiestan en numerosas situaciones como el juego, la comida, el territorio, acaparar la atención de su propietario, etc. El verdadero problema surgirá si el perro traspasa los límites y muestra un comportamiento agresivo. No hay que dudar en solicitar asesoramiento a un etólogo o adiestrador experto para que nos ayude a revertir esta situación.

Una correcta educación significa poner límites y restricciones desde que el perro es un cachorro, que este debe respetar y “comprender” por su propio bien, para que se convierta en un adulto seguro y controlable, y en ella juega un papel imprescindible una buena socialización que le ayudará a relacionarse de una manera armónica y confiada con su entorno. Es muy importante marcar pautas y comportarse siempre con nuestro perro de una forma coherente y firme, sin perder nunca los papeles. Los perros valoran el liderazgo por la firmeza, la estabilidad emocional y las reglas y no nos considerarán sus líderes si aprecian en nosotros un carácter inestable e impredecible con aspavientos y gritos cuando queremos que nos obedezcan.

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