Cómo alimentar un cachorro para conseguir una tasa de crecimiento óptima

El tamaño final de un perro adulto está definido por su genética y, en contra de la creencia popular, no depende de la velocidad de su crecimiento. Alimentar un cachorro con las cantidades adecuadas, no excesivas, de una dieta equilibrada le permitirá alcanzar un tamaño acorde con su potencial genético a un ritmo lento, en consonancia con el desarrollo de su esqueleto. Alimentar en exceso, con una dieta rica en energía, provoca una alta tasa de crecimiento que disminuye el tiempo que el perro tarda en alcanzar la talla adulta y, con frecuencia, es causante de un desarrollo esquelético anormal, incrementando las posibilidades de que tengamos en el futuro un perro displásico o con otras alteraciones articulares.

Contrariamente a lo que muchos piensan, si alimentamos al cachorro con cantidades restringidas de una dieta equilibrada, y adecuada al tamaño que tendrá el perro cuando sea adulto, cuando alcance esa edad tendrá el mismo tamaño que él sobrealimentado, pero lo habrá hecho de forma más lenta. Esto es muy adecuado porque va a permitir que, al desarrollarse a menor velocidad, la estructura esquelética no sufra el estrés biomecánico provocado por el exceso de peso y el crecimiento acelerado. La mejor forma de conseguir una tasa de crecimiento lenta es monitorizar estrictamente el peso corporal durante el crecimiento y mantener al cachorro en una condición corporal óptima.

Uno de los principales factores que provocan un crecimiento demasiado rápido y ganancia excesiva de peso es una dieta energética rica en grasa. Hoy día disponemos de piensos para cachorros formulados específicamente para razas grandes. Estos productos deben contener en su composición unas cantidades inferiores de grasa que los dedicados a razas de menor tamaño y tener unos niveles de proteína adecuados al desarrollo de estos cachorros. Los perfiles recomendados serían los de una dieta moderada en energía (entre 3500 y 3800 kcal/kg), y unos niveles de grasa que oscilen entre el 12% y el 16% en materia seca. En cuanto a la proteína, debe ser de alta calidad y estar en un nivel mínimo del 22%, si bien lo más recomendable es que oscile entre un 26% y un 28%. Como ya comentamos en otra entrada, hay que vigilar los niveles de calcio que han de ser moderados, entre 0,8% y 1,2%.

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Otro aspecto importante es que los cachorros de razas grandes y gigantes deben ser siempre alimentados de forma racionada, al menos durante el desarrollo. La alimentación a libre disposición no se recomienda porque aumenta el riesgo de ingesta excesiva, con lo cual se descontrola el ritmo de crecimiento. Además, la alimentación “ad libitum” afecta a los sistemas de regulación hormonal del crecimiento.

Se ha descubierto que los niveles circulantes del factor de crecimiento insulínico tipo 1, la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3) se encontraban más elevados en cachorros alimentados “ad libitum” comparados con aquellos sometidos a una dieta controlada y racionada. Es posible que la alimentación a libre disposición promueva los procesos metabólicos que se relacionan con un crecimiento acelerado.

La ingesta diaria, al igual que las necesidades energéticas cambian durante el crecimiento. La cantidad diaria recomendada y su dosificación deben basarse siempre en las recomendaciones que los fabricantes incluyen en la trasera del envase, ya que están calculadas para mantener una condición corporal óptima. Debido a la acusada inclinación de sus curvas de crecimiento, las cantidades diarias recomendadas en las razas grandes y gigantes pueden cambiar de forma espectacular en muy cortos periodos de tiempo. Por ello, estos cachorros deben ser pesados y evaluados al menos una vez cada quince días.

Como recomendación final hay que recordar que los cachorros muy jóvenes deben ser alimentados  tres o cuatro veces al día, repartiendo la ingesta diaria en tres o cuatro dosis, hasta la edad de cuatro meses y luego un par de veces al día hasta el final de su desarrollo, que en estas razas de gran tamaño finaliza entre los doce y los veinticuatro meses, en función de la raza y el tamaño adulto final.

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