El bozal: no siempre comprendido, pero útil

A veces nos da “reparo” ver un perro con bozal por la calle, parece que es un objeto que intimida un poco, puede causarnos una imagen negativa del animal, e interpretamos que es como un “castigo” para él. Sin embargo, cada vez más perros que no tienen ningún problema de comportamiento lo llevan puesto cuando van a pasear, ya que a pesar de ser un elemento impopular puede salvarles la vidaOs lo explicamos aquí.

¿En qué nos puede ayudar?
Obviamente, su uso tradicional ha sido para evitar lesiones de aquellos ejemplares que presentan signos de agresividad. Por eso a veces es casi instintivo que tendamos a apartarnos un poco de los perros que los portan: de ahí su mala prensa.

Sin embargo es cada vez más frecuente ver a perros afectuosos y sociables que lo llevan ¿por qué?, el motivo no es otro que su propia protección. Existen muchas razas como Golden y Labrador Retriever, por ejemplo, que dada su naturaleza “de campo”, olfatean todas las aceras y sitios de paseo, y pueden ingerir cebos envenenados, que desaprensivos colocan en lugares urbanos y rurales frecuentados por nuestros perros, como lo atestigua el creciente volumen de denuncias a este respecto.

Por otro lado, para poder acceder a determinados medios de transporte, recintos o edificios oficiales con nuestro perro, las normativas obligan a que lleve puesto el bozal. Asimismo, en cumplimiento de la legislación vigente, los ejemplares considerados potencialmente peligrosos (Real Decreto 287/2002), están obligados a llevar siempre un bozal cuando están en espacios y vías públicos.

El bozal: no siempre comprendido, pero útil.

¿Cómo no debemos utilizarlo?
Lamentablemente muchas veces se comete el error de utilizarlo como un castigo cuando el perro ha realizado alguna conducta inapropiada como hacer sus necesidades en casa, destrozar algún objeto del hogar, etc.

Sin embargo, nunca se debe recurrir al bozal con la esperanza de que así, por sí solo, corregiremos estos comportamientos indeseados, ya que el perro asociará “me ponen el bozal = me castigan” y no le va a gustar nada, le generará ansiedad y desconfianza.

Elige el adecuado
Lo más importante es que el bozal le permita respirar y jadear sin ninguna dificultad, esto es esencial sobre todo en las épocas calurosas. Tampoco hay que dejárselo demasiado suelto, porque entonces podrá comer cosas del suelo o intentar morder sin que podamos impedirlo. Siempre debe colocarse de forma que no moleste al perro, adecuándose a la conformación de su cabeza. Y nunca dejar al perro solo con el bozal puesto, siempre se lo pondremos cuando podemos estar con él, por si acaso.

Se puede optar entre los modelos en forma de cono o tubo fabricados en tela o cuero, o los tradicionales en forma de rejilla o cesta, elaborados en diferentes materiales.  El uso de los bozales en forma de tubo debería restringirse a un espacio muy corto de tiempo, para situaciones muy puntuales (ir a la peluquería, al veterinario…) ya que pueden afectar a la salud del perro si hace calor o él está haciendo ejercicio, debido a que no permiten ventilar correctamente. Los bozales de rejilla o cesta son los más utilizados, ya que con ellos el perro no puede morder ni comer del suelo, pero respirar con total normalidad, jadear cómodamente y beber agua, si es necesario.

Puede que hayáis visto una especie de “bozal” muy peculiar, que es simplemente una cinta de nylon (un bozal de lazo) que rodea el hocico del perro y está unida al collar de manejo (generalmente colocado en la parte alta del cuello);  se suele utilizar en perros de tamaño medio o grande mientras son jóvenes, en su proceso de educación o adiestramiento, para poder controlarles mejor hasta que se hacen adultos y aprenden a comportarse adecuadamente: controlando la cabeza se controla el perro. Conviene consultar a un educador profesional sobre la mejor manera de utilizarlo.

Casi todos los bozales están pensados para perros de hocico largo, pero los perros braquicéfalos (de hocico chato) también disponen de modelos especiales, a base de tiras de tela o nylon y de tipo cesta diseñados para estos perros que tienden a respirar con mayor dificultad.

¿Cómo le acostumbramos a que lo lleve?
Para habituarle a que acepte el bozal sin que se estrese o se ponga muy nervioso hay que hacerlo de manera progresiva, poco a poco, e intentar que lo tolere de una manera positiva. Para ello usaremos premios como la comida cuando se lo estemos poniendo o “presentando”, le hablaremos con cariño, le dedicaremos afecto y jugaremos con él cuando lo lleve puesto, para que no perciba que ese elemento extraño interfiere en su vida cotidiana y en nuestra relación con él.

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