25 avisos de que a tu gato le duele algo

Los signos de dolor, o incomodidad severa, en los gatos son difíciles de detectar ya que son animales muy hábiles escondiéndolos, particularmente si se trata de algún dolor crónico. A esta dificultad se añade además la variabilidad de reaccionar al dolor según cada individuo y la influencia de factores como el entorno o la edad.

La observación de sus rutinas
El dolor (o la molestia) en los gatos puede resultar arduo de detectar por su propietario ya que sus manifestaciones suelen ser sutiles. Por eso es tan importante que el propietario, que es quien mejor conoce los hábitos, reacciones y comportamientos “normales” de su gato, esté atento a cualquier cambio en su conducta, ya que puede ser el indicador de que algo no va bien.

Mostrar el dolor les expone a riesgos
En la propia génesis del gato, como animal solitario, territorial y cazador, perviven innatos ciertos rasgos de comportamiento hasta la actualidad. Aún cuando el proceso de domesticación y socialización ha transformado algunas pautas de conducta, el encubrimiento del dolor no se ha visto alterado. Los gatos siguen sin “permitirse” manifestarlo, ya que para ellos representa un síntoma de debilidad que les expondría abiertamente a la acción de sus predadores. En libertad, los gatos que sienten dolor, están enfermos o tienen alguna lesión, se ocultan de la vista de todos.

Las señales del dolor
El dolor es un mecanismo de protección del organismo, le indica al sistema nervioso que algo no va bien en alguna parte del cuerpo. Debido a su propia naturaleza, los gatos no lo exteriorizan abiertamente, pero sí emiten “señales” que habría que saber detectar precozmente, para evitar que el gato conviva con niveles de dolor cotidianamente sin darnos cuenta de que tiene alguna dolencia.

Para intentar establecer algunos criterios fijos que ayuden tanto a los propietarios como a los profesionales veterinarios, como “indicativos” de dolor en el gato, se han llevado a cabo diferentes estudios. En este sentido, uno de los más recientes es el elaborado por un grupo de veterinarios internacionales, liderados por Isabella Merola y el profesor Daniel Mills, de la Universidad de Lincoln, que publicaron sus conclusiones en la revista Plos One.

El objetivo era identificar los signos “suficientes” para el dolor (suficiente para indicar que existe dolor cuando ocurren, pero no necesariamente presente en todas las condiciones dolorosas) y “necesarios” para el dolor (necesario en presencia de dolor, pero no siempre indicativo de dolor). Los expertos identificaron veinticinco signos de comportamiento que eran indicativos para la evaluación del dolor en gatos, en una amplia gama de diferentes condiciones clínicas. Algunos de estos signos ya aparecían en la literatura científica conocida, pero muchos otros se validaron en este estudio. Según concluyeron estos serían las “señales de alarma” consensuadas por los diecinueve expertos participantes, que nos ayudarán a cuidar mejor de nuestro gato:

  1. Cojera.
  2. Dificultad para saltar.
  3. Caminar anormal.
  4. Rechazo al movimiento.
  5. Palpitaciones.
  6. Mayor tendencia a ocultarse.
  7. Desinterés en su propio aseo.
  8. Desinterés en el juego
  9. Pérdida de apetito.
  10. Menor actividad.
  11. Deja de frotarse con humanos.
  12. Cambios en el estado de ánimo general.
  13. Cambios en el temperamento.
  14. Postura encorvada.
  15. Desplazamiento del peso a un lado concreto.
  16. El lamido de una zona concreta de su cuerpo.
  17. Cabeza gacha.
  18.  Blefaroespasmo (parpadeo constante involuntario).
  19. Cambios en su conducta alimentaria.
  20.  Rechazo a las zonas brillantes o muy iluminadas.
  21. Gruñido.
  22. Gemido.
  23. Mantener los ojos cerrados.
  24. Tiene que hacer esfuerzos para orinar.
  25. Vibración de la cola.Las manifestaciones clínicas
    Además de estos signos, en un gato con dolor se suelen producir manifestaciones clínicas típicas aunque no específicas, como pueden ser el aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, de la presión arterial, de la diuresis, de la salivación, mu­cosas pálidas o dismi­nución del apetito.

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